lunes, 25 de febrero de 2008

COMO SE INICIAN LOS GENIOS


Una de las cosas que más le gustan de la escuela a Victoria Lin es ir a la biblioteca. Apenas se encuentra allí, esta pequeña de cinco años y medio, de Montclair, Nueva Jersey, corre a buscar los libros de Theodor Seuss Geisel, "el Doctor Seuss", su escritor favorito. Su mamá le ha leído tantas veces uno de ellos, El gato del sombrero, que se sabe de memoria algunos pasajes y ya puede leerlos sola.
También elige libros que le agrada leer y comentar con su papá, como los que cuentan historias reales sobre bomberos y los de animales marinos. Como la familia Lin tiene planes de visitar próximamente un acuario, la bibliotecaria le sugiere a Victoria que se lleve a casa un libro sobre delfines. La niña lo agrega al rimero, junto con otro que trata sobre los manatíes, los cuales le encantan.
Victoria avanza con paso firme por el camino que la llevará a convertirse en una buena lectora, habilidad que le abrirá un sinfín de posibilidades y que podría ser determinante para su futuro. Numerosas investigaciones realizadas durante décadas demuestran que saber leer bien y disfrutar la lectura son los principales factores en el éxito escolar de un niño.
Los chicos que son buenos lectores también son buenos estudiantes; sacan mejores calificaciones en pruebas de aprovechamiento en todos los grados y en todas las materias, incluso en matemáticas y ciencias. A continuación le presentamos algunas estrategias que le permitirán ofrecer a sus hijos una ventaja en la escuela y un placer para toda la vida.
1. Los buenos lectores comienzan a temprana edad. Las calificaciones en lectura que un niño obtiene durante el primer grado escolar son un indicador confiable del éxito académico que tendrá cuando curse el bachillerato. Esto significa que lo que ocurre en los primeros años tiene un efecto perdurable en el aprendizaje. Con niños pequeños, ponga en práctica los consejos siguientes:
· Cuanto más se le hable, se le lea y se le cante a un bebé, más amplio será su vocabulario y mayor su comprensión. Los niños pequeños son sumamente receptivos al lenguaje.
· Cuando los niños empiezan a andar son muy inquietos. Para hacer que se sienten un rato y se interesen en los libros, hay que picarles la curiosidad. Muéstrele las ilustraciones a su hijo y hágale preguntas; por ejemplo, "¿Qué es esto?" "¿Quién es?" o "¿Qué otras cosas hay aquí?"
· El periodo preescolar es la etapa en que los niños comienzan a aprender el alfabeto y a tomar conciencia de los sonidos que forman las palabras: una habilidad esencial para la lectura que los expertos denominan "conciencia fonémica". Aunque Victoria y su mamá no la llaman así, la practican cuando se ponen a leer sus libros de rimas preferidos. Dan una palmada al pronunciar cada sílaba de una palabra ("pe-lo-ta"), o juegan a las adivinanzas diciéndose por turnos: "Estoy pensando en una palabra que empieza con la letra E".
· Los niños en edad escolar necesitan practicar mucho la lectura en voz alta delante de sus padres, y oírlos a ellos leer también. Para ayudar a su hijo a leer con fluidez, léale un párrafo y luego pídale que lea el siguiente. Cuando le lea al niño, haga énfasis en la puntuación y explíquele el significado de las palabras.
2. Los buenos lectores poseen un vocabulario amplio. Piense en los intercambios verbales que haya tenido con su hijo a lo largo del día. Si su jornada fue muy ajetreada --lo cual es común en el caso de los padres que salen a trabajar y llegan tarde a casa--, lo más probable es que se haya limitado a darle órdenes al niño con palabras simples y repetitivas. Por ejemplo: "¡Ya es hora de irnos!" o "Limpia tu cuarto". Tan atareados estamos casi todos los días, que nos olvidamos de que los niños esperan de nosotros conversaciones sobre temas más variados y enriquecedores.
Cierto estudio mostró que cuando los maestros utilizaban un lenguaje más complejo en el salón de clase, los niños pequeños aprendían a generar ellos solos oraciones más complicadas. A partir del tercer grado escolar, los niños necesitan aprender unas 3000 palabras nuevas al año; o sea, ocho al día. Y tienen que leer o escuchar al menos cuatro veces cada palabra para integrarla a su léxico. Para enriquecer el vocabulario de su hijo, pruebe estas técnicas:
· Cuéntele al niño historias sobre el pasado, el presente y el futuro. A la hora de la cena, relate anécdotas sobre su infancia o hágale preguntas a su hijo sobre alguna actividad o festejo escolar que se avecine.
· Fomente los juegos. De acuerdo con Sue Bredekamp, experta en desarrollo infantil, el juego es esencial para que los niños perfeccionen sus habilidades lingüísticas y expresen verbalmente sus ideas.
· Lea con el niño libros de diversos temas, que ofrezcan información amena y novedosa para él: cuentos ilustrados y libros de rimas, de ciencias y de historia. Luego conversen un largo rato sobre las lecturas.
3. Los buenos lectores analizan, deducen y sintetizan. Antes de darle un libro nuevo a su hijo, siéntese con él a revisar la cubierta, recomienda la pedagoga Francie Alexander. Lean el título, examinen la ilustración y luego pregúntele al niño de qué cree que trata el libro. Los estudios indican que predecir pone en actividad un pensamiento más profundo que mejora la comprensión. Cada seis o siete páginas, pida a su hijo que recuente lo que ha leído y al final pregúntele qué supone que ocurrirá después.
4. Los buenos lectores visualizan las historias. Los niños que se forman imágenes mentales son más hábiles para recordar detalles y se muestran mucho más interesados en leer por placer. Anime a su hijo a fijarse, por ejemplo, en los rasgos o en el atuendo de los personajes.
5. Los buenos lectores se identifican con lo que leen. Los comentarios que usted le haga al niño lo ayudarán a vincularse con el relato: "Esta historia me recuerda la vez en que..." o "Este personaje se parece a...". Su hijo no tardará en establecer asociaciones con sus propias experiencias.
Preparar a sus hijos para que se vuelvan buenos lectores es uno de los regalos más valiosos que puede darles. Los niños que batallan con las palabras y que tienen dificultades para entender los textos disfrutan muy poco los libros, así que evitan leer. En un estudio realizado en Estados Unidos con niños de clase media que cursaban el quinto grado, los lectores más ávidos pasaron al menos 50 veces más minutos al día leyendo por placer que los niños menos hábiles para leer. Al final del año, los primeros habían leído hasta 2 millones de palabras más que los segundos, lo que agrandó aún más la brecha entre unos y otros en conocimientos y aprovechamiento.
Por supuesto, los logros académicos no son la única razón para alentar a los niños a leer. En sí misma, la lectura es una inagotable fuente de placer. Como dice la experta Jennie Nash, "en los libros uno puede encontrar compañía, consejo y diversión. Es un deleite pasar horas a solas en una habitación escuchando la dulce música de la palabra escrita".
No lo dude: la lectura puede brindar a sus hijos un sinfín de momentos mágicos, y mucho más.